Fúmame, dame el golpe. Aguanta, aguanta de mi... Ahora, soy humo; antes en ti: placer. Fúmame, consúmeme... Hártate.
María Fernanda Salazar Romero
lunes, 3 de enero de 2011
domingo, 26 de diciembre de 2010
Jachtag Fanfromgel.
Seguiremos así, eres mi promesa de lejitos... y ya que sabes que me gustas, porque te lo he dicho ahora dos veces, te lo diré por tercera: me gustas. Así de lejos, así con cabello largo y retorcido, retrocido tu y tus letras, y tu mente, y me gustas con tabaco y con alcohol y con tu poncho... me gustas con lo que veo y no veo... me gustas por pequeño, Grande...
martes, 21 de diciembre de 2010
Cocainómana
Así pasó, que de repente te detuve, me detuviste y te dije:
ven, que empieza a granizar.
Y así pasó por vez primera, que la suela del zapato de
charol tocó tierra firme, seguro, seguro sí.
Y en ese entonces, de completa certidumbre, así pasó, como
qué, como nada más,
que improvisada, inesperada, sorpresivamente, tomaste mi
cintura como tuya,
me acercaste tanto, tanto a ti, me besaste (con ojos bien
cerrados) y con mi mano reposando en tu mejilla confesé amarte. Tanto. Y así pasó, en siete líneas.
María Fernanda Salazar Romero
jueves, 25 de noviembre de 2010
Arañas y medias
Son tan jóvenes tus dedos, y tu mirada ¡esa mirada perdida entre bucles de algodón! de tu pelo algodón. Y el altavoz como curnicopia que te hace grande, Grande, de donde surgen no frutas ni uvas ni manzanas ni nueces, de donde surgen palabritas saturnianas y chispasos luminosos. Esos ojos... me pierdo en esos ojos.Y afuera de la carpa de tu circo de animales invisibles espero al cirquero, al que va de pueblo en pueblo encantando hippies y niños intelectuales y hippies y piedras y pasto y mantas de colores. Al que vive entre café y tabaco, entre tabaco y sin mi. ¡Oh! tan sin mi y yo queriéndote tanto.
María Fernanda Salazar Romero
lunes, 15 de noviembre de 2010
Esto era para tweet y me vale
Castígame, aunque sea con el látigo de tu desprecio... ¡Pero castígame!
@mafesaro
@mafesaro
viernes, 12 de noviembre de 2010
Entre jaulas te veas
Quiéreme más que ayer, pero quiéreme bien...
Y me hartan los comparativos "como el viento, como el agua, como la luz"
No. Quiéreme como tú sabes, en raciones pequeñas pero sustanciosas, a mordidas, en merienda, de noche, en la mañana, ¡pero ya!... no seas gacho.
Quiéreme con mermelada y con tristeza, con la lluvia y en la alacena.
Quiéreme a parpadeos, a arañazos, a patadas y a manazos.
Y me hartan los comparativos "como el viento, como el agua, como la luz"
No. Quiéreme como tú sabes, en raciones pequeñas pero sustanciosas, a mordidas, en merienda, de noche, en la mañana, ¡pero ya!... no seas gacho.
Quiéreme con mermelada y con tristeza, con la lluvia y en la alacena.
Quiéreme a parpadeos, a arañazos, a patadas y a manazos.
¿Oye?... ¿me das la hora?María Fernanda Salazar Romero
viernes, 1 de octubre de 2010
A la una, a las dos y a las tres...
a la par de
tu boca hablo ruiditos chispeantes / acuosos
Cerquita / cerquita de mí tu boca sonríe
desde la lengua me contagia armoniosamente
con un singular vaivén de aliento
desde el labio que no puedo ver hasta lo
profundo de tu voz
que escucho queriendo salir
no puede
no quiero
caprichosa
Pestañita
que rosa con mejilla / juega a reconocer mi rostro
que ya no es mío sino tuyo
tuyo mi rostro mi mano mis ganas
mi impenetrable yo que ya no es yo
y no entiendo de nada ni de juicios ni
de tiempos
porque a la par de tu boca me pierdo
te pierdes
y ahí quedamos perdidos no mas
Reconoce mi
pecho en tu mano
léeme hasta no saber qué sigue
te presto mi piel y llegará después la
brisa del mar cercano
y oleremos a peces y a conchas y a arena
ahora léeme hasta no querer detenerte
como el libro aquel que habla de mar
y de peces y de conchas y de arena mientras
te doy mi piel
me haces marañas
y tu
cabeza se acostumbra a mi pecho
cerquita
quédate cerquita
jueves, 23 de septiembre de 2010
lunes, 13 de septiembre de 2010
De agua
La ciudad, ombligo luminoso donde las
calmadas aguas del entonces glorioso Tenochtitlan
aguardan para embriagar a aquellos con la fe vertida
en la justicia incomprensible, pero justa;
aquella no creada por el ser humanoide, parcial
(si no es que absolutamente) cegado por él mismo:
la justicia de la materia.
El reclamo de la existencia misma siempre antes del hombre.
María Fernanda Salazar Romero
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Te odio, Marx
Básicamente heme aquí, con una taza de café instantáneo al lado del la bocina izquierda de la computadora, en lo que pareciera el marco perfecto para desahogar mi actual frustración: programas de orquesta sobre el escritorio, mi vaca “amansa locos” (figurilla de cerámica que adorna la parte superior del monitor y que cuelga sus patitas de manera juguetona y bastante fantasiosa con propósitos destructivos-distractores), un Romeo y Julieta consumiéndose en un cenicero con forma de hongo hecho de resina de árbol, y todo esto conjuga, en sí, lo que me he acostumbrado a necesitar para inspirarme.
Volteo, eventualmente, a mirar mi cama. Espero algo. El sonido del celular, que Zra esté recostado en ella, que aparezca otro juego de sábanas (Dios, manifiéstate) o solo voltear como mecanismo de defensa ante la inclemencia del teclado que aguarda a que le azote con un poco de elocuencia y más cadencia de la habitual. Desea serme útil –si entendieras, adminículo inanimado, que yo deseo caprichosamente serte útil de igual modo-
Te odio, Marx. Pensaba entonces, bastante antes de proseguir escribiendo, por qué odio a Karl Marx. Y es más que un simple desacuerdo con la división de clases, o el Capital, o el contrato social, o el amplio acervo de estudios socioeconómicos que este sujeto alemán hizo, es más bien por lo popular, lo detesto por popular. Me molesta que su existencia sirva de justificante a los pomposos universitarios con cabello largo, morral de lado, lentes de fondo de botella y conversaciones pretenciosas que lo único que hacen es ridiculizar al gremio real de los intelectuales.
Los intelectuales: dícese de aquellos seres superiores que preservarán la especie humana de manera digna, inmoral e inteligente, como el hombre debe ser.
Decía, Marx es sólo un pretexto para aquellos jactanciosos de haber vivido la maravillosa y productiva época de brillantez y boom literario en México, por lo menos. Un par de maestros son de ese tipo intelectualoide, de aquellos que no perdonan errores y no hay más verdad para ellos que las ciencias sociales. Estudio, a mi parecer, ridículo. Es deslindarse de la psicología como la ciencia que analiza con más apego al comportamiento humano para convertirse en migajas de estudios que de por si son bastante absurdos. Resulta entonces, que las personas tenemos patrones de conducta y que éstos, innegablemente, son consecuentes y marcan un estándar en el ser y hacer humano. Las ciencias sociales son ciencias porque a la Real Academia de la lengua Española se le ocurrió una definición nada separatista para dicho concepto. En fin. Probablemente sea solo una idea sin fundamentos. Así funciono yo. Tendría que recurrir –si aceptara concejos precipitados y poco sabios- a los servicios de algún terapeuta que me ayude con tan grave problema de ignorar que las cosas son un algoritmo, tienen un orden, un por qué, y ante todo, consecuencias. Igual vale madres.
Terminaré diciendo, con propósitos de redención introspectiva, que este escrito ha cumplido el propósito de mitigar lo mitigable y ahora me siento mucho mejor. Por un rato. Después de que la sensación inmediata de liberación se disipe, encontraré otra excusa para hablar mal de los psicólogos y letrados sociales que invirtieron gran parte de su tiempo en entender a personas como yo. A eso le llamo fe.
María Fernanda Salazar Romero
lunes, 9 de agosto de 2010
Memoria
Ha dejado de preocuparme el no poder recordar. Paulatinamente, todo lo
que conozco como existencia en este mundo, en mi mundo, en mi realidad
tangible, se desvanece. Deja de ser en el momento en el que me olvido
de ello. Y es precisamente esto lo que me asusta. Pensar en las cosas
que dejarán de existir por mi culpa.
El perro que hoy se apareaba con otro perro será olvidado en unas horas, en unos días. No lo recordaré. Entonces, ya no será. No más. El fin del mundo se acerca, pues ya no puedo recordar.
‘Todo’ es el conjunto universal de entidades, formas, ideas líquidas, sólidas, etéreas dentro del conciente humano. Entonces, lo que percibimos como sociedad, como realidad, no es más que la conjunción de muchas realidades, de muchas percepciones. Si en este momento todos olvidáramos, simplemente dejaríamos de ser.
Qué angustia da el no ser más que el no vivir. El vivir es una de las tantas cosas que provienen y se dirigen hacia el mal. El ser mismo culmina en el mal. Cito a Leopardi “No hay otro bien sino el no ser”. Y todo lo existente es causante de dolor. La naturaleza, el aire, la lagartija que se alimenta de moscos que se alimentan de sangre que pican que dan comezón que causan dolor. Todo empieza y culmina en el hombre, non plus ultra de la realidad tangible.
Después de perder la memoria, que no es más que todo lo que conozco, que no es más que lo que queda de mi ignorancia, que no es más que una realidad ambigua, deforme, siniestra, absurda, tortuosa, ridícula, inmoral, irrespetuosa y soberbia que yo he creado a partir de lo que veo, pienso y siento; que no es más que un defecto humano, que no es más que un intento más de quien quiera que sea Dios de que los errores se cometen para tener de qué hablar al día siguiente (si es que existiera un día y éste tuviera una secuencia) Ahora que lo pienso… todo lo que hacemos y dejamos de hacer, encapsulado en el tiempo que a la vez tratamos de medir en cubitos y demás figuras geométricas, es un hecho continuo y no se detiene. No dejamos de hacer, de crear, de destruir creando, de crear para destruir… de destruir. No paramos. El meridiano 0 nos indica única y exclusivamente una sucesión de turnos en una jornada eterna para acabar con el mundo. No hay día ni noche que nos detenga. Somos imparables. Somos despreciables.
Por fortuna esto está escrito (por fortuna para mi, pues olvidar le causa tortura al estilo medieval a cada uno de mis órganos, si existieran) y entonces puedo hacerme una memoria de papel, leer en qué iba. Tengo entonces una tentativa libertad al escribir. No se que tan bueno o malo sea eso, pero es reconfortante. Y reconfortante no porque me ate a una idea que ya he concebido anteriormente, reconfortante porque entonces sé que aun existo. Pero pensándolo bien, no es tan bueno. Soy una niña muy incoherente, indecisa. Pero al menos soy. O quién sabe.
En fin…Estaba en los errores y cuán divertidos son para las conciencias que se percatan de éstos. Ciertamente ya se me olvidó por qué hablaba de ello. No importa.
Seguiré leyendo a Cocciolli. Me hace pensar. Entonces existo, diría alguien por ahí que no recuerdo. Su frase ha sido tan desgastada que he preferido olvidarme, injustamente, de su ser en la historia. Qué terrible… Pero estoy en mi derecho.
¿Me irá a doler cuando me olvide de aquello que quiero y con un mágico “puff” desaparezca? ¿Tengo yo la cualidad de decidir si olvidar o no? ¿Cómo…? De hacerlo, de poder dominarlo, podría entonces dejar de sufrir y seguir barriendo la casa. Labor que fue interrumpida por esta necesidad loca mía (que no Locomía) de pretender que existo.
Continúa….
María Fernanda Salazar Romero
El perro que hoy se apareaba con otro perro será olvidado en unas horas, en unos días. No lo recordaré. Entonces, ya no será. No más. El fin del mundo se acerca, pues ya no puedo recordar.
‘Todo’ es el conjunto universal de entidades, formas, ideas líquidas, sólidas, etéreas dentro del conciente humano. Entonces, lo que percibimos como sociedad, como realidad, no es más que la conjunción de muchas realidades, de muchas percepciones. Si en este momento todos olvidáramos, simplemente dejaríamos de ser.
Qué angustia da el no ser más que el no vivir. El vivir es una de las tantas cosas que provienen y se dirigen hacia el mal. El ser mismo culmina en el mal. Cito a Leopardi “No hay otro bien sino el no ser”. Y todo lo existente es causante de dolor. La naturaleza, el aire, la lagartija que se alimenta de moscos que se alimentan de sangre que pican que dan comezón que causan dolor. Todo empieza y culmina en el hombre, non plus ultra de la realidad tangible.
Después de perder la memoria, que no es más que todo lo que conozco, que no es más que lo que queda de mi ignorancia, que no es más que una realidad ambigua, deforme, siniestra, absurda, tortuosa, ridícula, inmoral, irrespetuosa y soberbia que yo he creado a partir de lo que veo, pienso y siento; que no es más que un defecto humano, que no es más que un intento más de quien quiera que sea Dios de que los errores se cometen para tener de qué hablar al día siguiente (si es que existiera un día y éste tuviera una secuencia) Ahora que lo pienso… todo lo que hacemos y dejamos de hacer, encapsulado en el tiempo que a la vez tratamos de medir en cubitos y demás figuras geométricas, es un hecho continuo y no se detiene. No dejamos de hacer, de crear, de destruir creando, de crear para destruir… de destruir. No paramos. El meridiano 0 nos indica única y exclusivamente una sucesión de turnos en una jornada eterna para acabar con el mundo. No hay día ni noche que nos detenga. Somos imparables. Somos despreciables.
Por fortuna esto está escrito (por fortuna para mi, pues olvidar le causa tortura al estilo medieval a cada uno de mis órganos, si existieran) y entonces puedo hacerme una memoria de papel, leer en qué iba. Tengo entonces una tentativa libertad al escribir. No se que tan bueno o malo sea eso, pero es reconfortante. Y reconfortante no porque me ate a una idea que ya he concebido anteriormente, reconfortante porque entonces sé que aun existo. Pero pensándolo bien, no es tan bueno. Soy una niña muy incoherente, indecisa. Pero al menos soy. O quién sabe.
En fin…Estaba en los errores y cuán divertidos son para las conciencias que se percatan de éstos. Ciertamente ya se me olvidó por qué hablaba de ello. No importa.
Seguiré leyendo a Cocciolli. Me hace pensar. Entonces existo, diría alguien por ahí que no recuerdo. Su frase ha sido tan desgastada que he preferido olvidarme, injustamente, de su ser en la historia. Qué terrible… Pero estoy en mi derecho.
¿Me irá a doler cuando me olvide de aquello que quiero y con un mágico “puff” desaparezca? ¿Tengo yo la cualidad de decidir si olvidar o no? ¿Cómo…? De hacerlo, de poder dominarlo, podría entonces dejar de sufrir y seguir barriendo la casa. Labor que fue interrumpida por esta necesidad loca mía (que no Locomía) de pretender que existo.
Continúa….
María Fernanda Salazar Romero
jueves, 5 de agosto de 2010
Zinfandel
Van 4 horas desde mi última copa de vino. Estoy bien. Pese a lo que mi estabilidad física y mental aparente. He hojeado un libro viejo y huele a tiempo, a hojas amarillas, a madera y azúcar. No leeré porque los párpados ya me pesan. Fue mucho alcohol y ahora es poco el ímpetu que resta para tomar un libro y prestarle la atención que se merece, no obstante el autor. No importa, entonces pensaré. Recostada en el catre que aguarda mis movimientos nocturnos observo el techo. Vaya, qué sed. No es tanta como para acceder a moverme en el estado casi catatónico en el que me encuentro. Cómoda en mi inmovilidad pienso. Tal vez debí apagar la luz por si en un momento sucumbo ante los párpados que tienen más vehemencia que la dueña. Sí, ustedes, par de membranas caprichosas, me pertenecen.
¿Y en qué pienso? En mi sed… vaya, qué mediocridad, no es tanta ni tan poca como para determinarme a bajar por un vaso de agua. Hasta en eso soy una mitad: mitad mujer, mitad humana, mitad salmón, mitad cigarro, mitad viviente. Tal vez sea un zombie, ¿por qué no?... Eva Luna platica con Carter, el saxofonista de Cortázar. Se miran entre palabras y luchan por entenderse. Orgía de letras y tiempos. En el buró reposa una tortuga de felpa en la que reposa una hoja blanca en la que reposa tinta en la que reposan mis palabras en las que divagan mis ideas. Pobre tortuga. Y al lado, las palomas musicales que le robé como herencia a mi abuela. Debería dejar a un lado la descripción absurda de mi habitación y tomar un poco de agua. O vino.
Van 4 horas, 12 minutos desde mi última copa de vino. Tal vez esté ebria. Recuerdo mi mano dejando la botella después de servirme un último trago. La mesa goteaba sangre que hacía de charco en un piso parecido al parqué. Bebí. Creo que maté a alguien. Y yo con esta sed.
María Fernanda Salazar Romero
¿Y en qué pienso? En mi sed… vaya, qué mediocridad, no es tanta ni tan poca como para determinarme a bajar por un vaso de agua. Hasta en eso soy una mitad: mitad mujer, mitad humana, mitad salmón, mitad cigarro, mitad viviente. Tal vez sea un zombie, ¿por qué no?... Eva Luna platica con Carter, el saxofonista de Cortázar. Se miran entre palabras y luchan por entenderse. Orgía de letras y tiempos. En el buró reposa una tortuga de felpa en la que reposa una hoja blanca en la que reposa tinta en la que reposan mis palabras en las que divagan mis ideas. Pobre tortuga. Y al lado, las palomas musicales que le robé como herencia a mi abuela. Debería dejar a un lado la descripción absurda de mi habitación y tomar un poco de agua. O vino.
Van 4 horas, 12 minutos desde mi última copa de vino. Tal vez esté ebria. Recuerdo mi mano dejando la botella después de servirme un último trago. La mesa goteaba sangre que hacía de charco en un piso parecido al parqué. Bebí. Creo que maté a alguien. Y yo con esta sed.
María Fernanda Salazar Romero
martes, 13 de julio de 2010
Punto y coma
Poemas. Escribir poemas. Sé escribir poemas. No sé escribir poemas. Yo no sé escribir poemas. Yo no sé escribir. Yo no sé. Yo no. No.
María Fernanda Salazar Romero
María Fernanda Salazar Romero
jueves, 8 de julio de 2010
Zalgo... adiós.
Y de vuelta a lo paralelo, descubro a un gigante en llamas con manos de sierpes y dedos de confeti ... me dice: ven, ven Fernanda. Sus ojos son Bemoles, turun larala... ven Fernanda... y ahí voy, hacia el gigante en llamas, que me mira, que me ansía, que me clama... que me asusta.
- tururu larala
- tururu larara
- Salto.
- tururu larala
- tururu... larala
- María Fernanda Salazar Romero
domingo, 4 de julio de 2010
Una cuarenta y dos de la mañana del tres de julio del dos mil diez...
Imagen
Tu cara
Azul, gris…
La música de los escarabajos
El color de tu energía
Tu voz
Yo conozco tu voz
Tú…
Del agua al viento…
Yo lo se, lo veo
Chocolates, gomitas
Whisky
13…70’s
En lo números…
… persistiré, con esto me basta. Contigo me basta.
María Fernanda Salazar Romero
miércoles, 30 de junio de 2010
De naranjas, marrones y fucsias... Oh, oh, oh it's magic! ♫
Que gracia la tuya de hacerme sentir aquél miedo olvidado, el miedo al vaivén perpetuo del agua de los ojos. Juguemos a desearnos un rato, a ver qué pasa. ¿Y tu piel? No existe ahora, no la hay… está pegada a la mía…. ¿Tus gestos? ¿Tu silueta? ¿Tu andar?... en mis pupilas… Todo tú en mis pupilas....
María Fernanda Salazar Romero
María Fernanda Salazar Romero
lunes, 28 de junio de 2010
Absolut con jugo de manzana
Dame tu oreja tu noche tu lengua dame silencio
oasis del que bebo paz e indulgencia reflejo de tristeza por las noches inundadas de rocío Rondas rondas colibrí pululando néctar de flor marchita
Marchita tu luz tu vuelo tu ausencia y vuelvo a tu arena a tu sexo a tu vientre en donde me vierto y vacío
María Fernanda Salazar Romero
oasis del que bebo paz e indulgencia reflejo de tristeza por las noches inundadas de rocío Rondas rondas colibrí pululando néctar de flor marchita
Marchita tu luz tu vuelo tu ausencia y vuelvo a tu arena a tu sexo a tu vientre en donde me vierto y vacío
María Fernanda Salazar Romero
miércoles, 23 de junio de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
Cuando Zappa fue superado por Pancho Pantera
Puedo decir cualquier cantidad de cosas, por ejemplo, que el cielo es azul porque así es el efecto de la opacidad del universo al converger con los rayos de sol tocando la atmósfera. Puedo decir que la eternidad no le ha bastado a Dios para morir, si es que pudiera, si quisiera, si existiera. Puedo decir que te quiero. Que te quiero como nunca. Y te quiero aquí, ahora, como ya has dicho antes. Pero no diré nada de eso, porque, ¡vamos! todos saben por qué el cielo se ve azul.
María Fernanda Salazar Romero
María Fernanda Salazar Romero
miércoles, 2 de junio de 2010
Cuando mandé a la mierda a mi ventilador y terminé asumiendo un temor.
Hace mucho calor. Y yo que no puedo andar en las calles desnuda porque, diría Luis, es moralmente incorrecto. ¿Qué normas sociales anteponen entes como el bien y el mal (de los que, por cierto, no tenemos certeza) por la supervivencia del hombre? ¡Oh! espera, ya entendí...
La moral me asusta.
María Fernanda Salazar Romero
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