domingo, 5 de octubre de 2014

Escribirle a Usted

Me urge escribirle a Usted. Decirle, por ejemplo, que viendo sus ojos puedo recorrer la noche más negra en el camino más empedrado. Que su rostro está lleno de verdad y que en sus labios encuentro todos los sabores. Decirle a Usted, entre otras cosas, que su voz se oye infinita y profunda como el mar.

Me urge decirle cuánto lo quiero. Dejar que se desborden las palabras de mis dedos, de mis manos y entre líneas dejarle bien claro que muero por besarle las pestañas.

Es que Usted no sabe. De verdad no sabe el ansia que tengo de escribirle todas las palabras en todos los dialectos, todo el abecedario conjugado; los números, las canciones, las oraciones, los rezos... Todo lo que sé y todo lo que no sé, es lo menos que quiero escribirle a Usted.






lunes, 29 de septiembre de 2014

Casi Cuatro

No tengo palabras suficientes que puedan expresar el agradecimiento que le tengo. Él fue mi compañero por mucho tiempo, de ese tiempo que no se mide en horas o en meses. Él y yo tuvimos una vida juntos, bonita. Tuvimos dos hijos, una casa (varias casas), conciertos. Tuvimos amor.

No he podido llorar. No es que no quiera, deveras, solo no le he podido llorar. Es que no me siento en luto, ¿eso está mal? Porque la vida dura lo que tiene que durar y ya, y no se le llora a la belleza. Se le celebra.

Celebro entonces lo que me diste, Juan Pablo. Lo que nos dimos. Te amé como a nadie... y Octubre siempre será para nosotros.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Instagram

Me gusta ver al mundo con ojos de poesía. Se mira bonito con matices grises, blancos, negros; a veces lleno de colores. Es como la música, ¿me entiendes? Indescriptible... la sientes y ya. La vives. A todo volumen. A todo color ves entonces, a todo sentir como poesía.
Andas por ahí, buscando el cuadro perfecto. Inspirado, ya sabes. Cuando lo haces con desesperación tal vez pierdas un poco el enfoque, ¿ves? Es con calma. Como la música. Como la poesía. Te digo: es lo mismo, es arte.
Entonces: lo ves. Sacas la cámara. Le quitas el flash. Digo, no hay mucho qué hacer cuando tienes un maldito smartphone. Te detienes. Encuadras. Clic. Preview. Encuadras. Enfocas. Clic. Clic. Clic. Listo.
Ya tienes la pieza. Llegas a tu magic place (que puede ser cualquier lugar con Wi-Fi), abres el carrete y viene la mejor parte. Como el coro de tu canción, como la frase que subrayas en el libro de Fuentes: el filtro. Lo eliges: Lo-Fi, Amaro, 1977. Publicar.

domingo, 14 de septiembre de 2014

¿Qué hora es?

Ayer me dijeron que no parara de escribir. Lo he dejado, no completamente, pero lo he dejado. Es que a veces no pasa nada o pasa todo o pasa mucho pero nada que me haga sentir lo que ahora siento. Por eso dejo estas letras aquí hoy.

Soy una renegada de la culpa. Porque lo conocí y, a veces, de cerca quisiera estar más cerca de él. Él allá y yo acá... por ahora así está bien.

"Una copa de martini", dijo. "Mirando el negro mar", dijo.

Ay...

miércoles, 2 de julio de 2014

2008

Hoy recordé y sentí bonito. Es que cómo olvidar esas estrellas y ese vino; esas canciones y esos besos. Hoy te vi: de lejitos, de memoria.

A veces te me figuras a la mala hierba, ¿sabes? Y está bien, no es un cumplido pero seguro entiendes: te corto de tajo, de fondo, juro que no dejo rastro. Pero siempre vuelves. Es que cómo olvidar esas estrellas y ese vino; esas canciones y esos besos.

Solo así me haces sonreír. De lejitos, de memoria. Así está bien.

jueves, 24 de abril de 2014

Nocive Ribbon

Me gusta tu música. Yo solo tengo dos listones que ofrecerte a cambio. Uno azul, uno negro. Los uso contigo nada más porque entiendes que si quiero los hago nudo o moño o nada. Porque hago con ellos lo que me place. Son nuestros. Pero siempre más tuyos que míos.

Sigue cantándome.

lunes, 3 de junio de 2013

Eso, una idea.

Me recuerdas a Magritte, Interpol, un cigarro, al rocío de la mañana, a lo incorrecto, a lo incómodo, al poeta, la poetisa, una vela, una multa, a Bardem, al plástico, al chocolate, una manzana... y al vino.

Cuando me acuerdo de ti pienso en un gato, en Miró, una escalera, en Vallejo, en tus cosas. ¡Ay, tus cosas! Tus sorpresas, depresiones, vacío, dudas, soledad. Tan solo, tú.

Jajajaja. Qué estupidez. Debo dejar de recordarte. Recordarte, idea. Eso. Una idea.

lunes, 20 de mayo de 2013

Ya no fumo. Me odio por amarme tanto.

Ya no fumo, es terrible. Asomarme por la ventana de mi cuarto en medio de la noche ha dejado de tener sentido, tal vez deba dormir más. Eso ocurre, francamente. Duermo más. También respiro mejor... sufro cada vez que un fumador pasa a mi lado inhalando el delicioso éxtasis cancerígeno. Apesta a mierda, y yo lo único que quiero es apestar a mierda también.

Leer a Cortazar no es igual. Antes pausaba dramáticamente el hilo de la lectura por tirar la ceniza del pitillo, ahora, leo de corrido... faltan pausas. Tal vez Cortazar no es tan bueno después de todo.

Ya no fumo, es terrible. De verdad que extraño intoxicarme de a poquitos de camino a casa, escuchando a DFTPNK o tal vez a Empire of The Sun. Sea cual sea el soundtrack de mi andar, no es lo mismo sin nicotina.

No es que me queje, pero... ¿por qué mierdas dejé el cigarro si me hace tan feliz? Bueno, sí es queja. 

¿Reuniones con los amigos? Doloroso. Era un deleite tomarme una helada cerveza arruinada por el limón y la sal y acompañarla con bocanadas de humo. La charla solamente hacía cohesión con estos componentes y juntos formaban el maridaje perfecto. Ahora sólo pienso en eso. Es una obsesión.

Dejar de fumar ha sido la decisión que más ha perturbado mi vida. Ahora sólo queda esperar a que esta agonía por la abstinencia pase y pueda seguir a la ola de hippies que piensan que el cigarro daña mi cuerpo, cuando lo que más hacía era alimentar mi mente. 

Lo que uno hace por amor... a sí mismo. 


miércoles, 15 de mayo de 2013

miércoles, 6 de marzo de 2013

Para la Chatita

El día que Agustina se murió yo no lloré. Alcé la bocina del teléfono y solo escuché hablar a mi padre. Tampoco sonreía, no importaba ya.

El día que Agustina se murió yo no lloré. Sueño con ella a menudo. Ella viene a verme, sabe que estoy bien y se va. Cuando ella me siente triste, me abraza, me hace sonreír, y de nuevo se va. Como hacía en vida.

Ella no fue muy cariñosa, ni me daba besito de buenas noches. Cuando niña, ella me cuidaba junto a Bernardo, mi hermano menor. Ambos estábamos a su cargo porque mi madre estaba en el hospital.

En las noches, Bernardo y yo abrazábamos la ropa de mi madre y, a veces, jugábamos a buscarla. Teníamos que ser muy cuidadosos porque Agustina nos vigilaba desde su mecedora. La espiábamos a través del ventanal que estaba en nuestra alcoba. Pensábamos que Agustina era un dragón que nos echaría flamas si descubría que nos estábamos escabullendo para encontrar a mi mamá. Pero la realidad era que Agustina jugaba también con nosotros. Rechinaba la mecedora para espantarnos... así podríamos comenzar de nuevo nuestra empresa en busca de la amada princesa.

El día que Agustina murió no llore. No la he llorado en 5 años. Es que sigue jugando conmigo, en mis sueños. 

Tal vez después de todo, murió para que Bernardo y yo pudiéramos encontrar a mamá.

viernes, 1 de marzo de 2013

Requiem

Vine a pedirte que no me olvides, porque eres mi pasado. Porque te quise de mi vida a la muerte, más que nada, más que nada como al amor mismo, ¿recuerdas?

Vine a decirte que estamos aquí, allá, lejos los dos. Pero me siento a salvo cuando te recuerdo, porque sé que existo... o que fui.

Vine a pedirte que no me olvides, porque sin lo que fuimos yo no podría ser tan feliz ahora.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Es que te quiero

Soy ese paraje lúgubre al que deseas habitar.

Como árbol que se enraíza en el fango,
¡habítame, entonces! que huelo a tierra y soy fría por las noches.

Bosque, lago... ese sitio que te adormece las entrañas.

Quieto. A dónde vas.

Soy ese temor petulante que te abraza cuando no hay estrellas, ni luna, ni viento, ni mar.

¿Me extrañas? No hace falta.

Te lo dije antes: vivo en ti. Vive en mi, pues, que es lo único que necesita tu miseria para sentirse reconfortada.

Es que te quiero, no entiendes.


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cuando escuché a Gustavo Santaolalla y Juan Campodónico

esas mallas de metal
de frígido metal
¡ah! cuando las rompes
y estallas
y brincas
y eres
solo eres

el cigarro cosmogónico de tu ciencia
aferrado a tu boca
tu boca tan mía
tan tuya
pero tan mía

"la tormenta solar quemándonos el costado"
esa idea que prevalece sobre lo que parece real
tangible
pero que se pierde
¿qué día es hoy?

sobre las piedras de mi cama
te pienso
desnudo
te desnudo
pero más te pienso

y nunca pasa nada mas que la vida
que se va
que nos lleva

¡ah! esas mallas frías
¿de metal?

de metal


sábado, 27 de octubre de 2012

De allá, pero aquí.

Veo sus calles hechas de piedra añeja, sus vitrales de humo.
¿Su olor? Sencillo: smog fresco. Del día. Adorable.

Hay gente, mucha, van a todos lados. Una sociedad de hormigas tiene más orden, aún así, la suya, la de aquí, es encantadora.

Aprecio infinitamente sus luces, su ajetreo, su desdicha, su historia, sus paredes, estructuras... Me encanta esta ciudad. ¿Lo que más me gusta? Haber venido con él.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Lovers after all

Y es entonces cuando jugamos a besarnos, cuando a penas tu aliento y el mío comulgan, se introducen, se alimentan, se sacian. Nada más.

Tu boca, toda mía, nada más mía. ¡Ay, ese beso!, porque es sólo uno, interminable. Nuestros cuellos lo saben, tu lengua, mis manos, tus dedos, mis piernas, tu espalda... lo sabemos. Es sólo un beso.

Y lloro porque eres mío. Nada más. Nunca nadie te ha amado tanto, nunca nadie te ha deseado tanto. Soy arrogante de ti, completamente. La puta madre si no lo sé.

Tú y yo. Tú y yo contra el mundo. El mundo contra nosotros.


jueves, 14 de junio de 2012

Piedad.

¡Vaya!, se me está cayendo la piel a pedazos.
En mi andar, cual migajas de pan. "Cual migajas de pan", pienso.
Las levanto, una por una, son muchas. Mejor no. Se me está cayendo la piel a pedazos.

"Toma", te digo. "Toma esto que pareciera ser un párpado". A veces, ciertos obsequios no son recibidos de amigable manera, pero no importa, porque se me está cayendo la piel a pedazos y las sábanas de mis ojos naturalmente te pertenecen.

Ya no puedo ver. Se resecaron mis ojos. Necesitan su piel. No importa, siempre y cuando pueda escuchar.

"Ingenua" me dices "¿a caso no notas que se te está cayendo la piel a pedazos?"

Pierdo la vista, el oído, el olfato, mi lengua, las yemas de mis dedos. Me mantiene viva el corazón. Late.

Pronto, después de un poco de compasión, dejas a un lado las navajas y buscas el mazo. De nada te sirve ya mi corazón.




lunes, 4 de junio de 2012

Tomo Dos XX, escucho a los XX y me encanta el buen XXX.

Soy de las que fuman después de coger, de las que lloraron cuando se murió Cedric Diggory; de las que preguntan cuánto cuesta un pedazo de pizza, compra el más barato y que le alcance para el té. Soy de las que toman bebidas con tapioca como si de eso dependiera su vida y de las que hablan de política "nada más" por que le interesa; soy idealista, una chingona para el Paint. Soy de las que compran cigarritos a granel y siempre se queja del asqueroso precio del azúcar.

Soy bonita y no me la creo porque, como otras, también soy insegura. Soy de las que ven infomerciales a las doce de la noche en vez de ponerle al softporn de Golden. Soy hogareña y me repugnan los antros. Me gusta embriagarme a solas y hacerme preparados exquisitos de jugo de limón con salsa Maggi y cuanta pifia me encuentre en la alacena.

Soy desordenada, desidiosa, patrona. Me caga la impuntualidad. No creo en santos. No se en qué creo, pero creo. Tengo serios problemas con el abecedario y la tabla del 8, pero en el ejercicio de la lógica me defiendo muy guapamente.

Tomo Dos XX, escucho a los XX y me encanta el buen XXX.

Soy un desmadre.



miércoles, 16 de mayo de 2012

La nube.

Una nube tocó a mi puerta. La dejé entrar porque, a estas alturas, no me queda nada qué perder. Más fue la curiosidad, a la vez compasión, que me antojaron darle morada a la nube aquella.
La nube entró y así como atravesó la puerta, se dirigió al rincón donde coloqué el florero que mi madre me compró en la Lagunilla. Qué feo florero. Pero sirve. En él, 18 rosas lila bebían agua, o se pudrían. Más lo segundo.
Mientras observaba el comportamiento de mi invitada, acerqué un taburete muy coqueto a la sala en donde podía establecer contacto visual con la nube sin acosarla. Digo, no iba a dejarla sola. Que tal si necesitaba algo.
Pasó un ratito. Ya no aguanté mas y le hablé:
—¿Hola?
—Hola. Muchas gracias por dejarme entrar. Este lugarcito está muy bien para mi.
—No, pues. De nada.
Momento incómodo.
—Necesito llorar un poco. Pero afuera hay mucha gente y flores y más nubes. Me da pena — de repente dijo.
—Pues no te preocupes, sobre ese jarrón puedes llorar todo lo que quieras. Si te incomodo dime, puedo irme.
—No. Quédate. Tú también necesitas llorar.
Empezó a llover dentro de mi casa. Yo también llovía. La nube se deshizo sobre mis 18 rosas. Yo me deshice en el taburete.
El suelo mojado, inundado de lágrimas. No hay quien limpie el desastre, pero tampoco quién lo vea. Da igual. Esa nube vino por mi, para llevarme con ella hecha agua. Hecha lágrimas.

lunes, 30 de abril de 2012

Six.

La forma geométrica, a veces errática y accidentada de tus sombras
las saboreo con mi lengua que percibe más que húmeda niebla.
Tus haceres, tus curvos ojos.
Todo de ti me sabe, y me sabe a placer.

miércoles, 11 de abril de 2012

Quiero escribir, pero me sale espuma.

Como garrapata, absorví de nuevo la sangre que su cuerpo regeneró naturalmente. Ojalá hubieran vacunas anti mi.

De Rodolfo J. M., quien me recordó a Vallejo y a Rimbaud... a "Todos los Rimbauds":


Dime, ese tiempo gastado en las páginas de libros y libros, esas horas empeñadas en escribir algo que quizá no tiene el menor sentido para otra persona que no seas tú, ¿valdrían la pena si supieras que no tienes talento, que no estás sino imitando los gestos de gente como la que nunca podrás ser, que intentas justificar tu mediocridad con la historia de que estás escribiendo una obra maestra? ¿Sabes? Puede ser horrible estar frente a una hoja en blanco. César Vallejo lo dijo: quiero escribir pero me sale espuma. Son palabras hermosas, pero atemorizantes; muchos de nosotros dejamos que la espuma se acumule alrededor, petrificándose, inmovilizándonos para siempre. O por el contrario, escribimos; y escribimos mierda. Eso es peor, sobre todo si eres tan vanidoso como para suponerte con talento... ¿Entiendes? Por eso preferí dejarlo.

Todo esto sucede bajo el agua, J.M; Rodolfo, 2008


Bajo el agua, evidentemente bajo el agua.